|
Frente a seres de la talla del famoso director de orquesta Daniel Baremboin, de origen judío, nacido en Argentina, queremos creer que la paz aún pudiera ser posible. Al crear la Fundación Baremboin-Said en agosto del 2003, en conjunto con el escritor palestino Edward Said, hoy fallecido, este proyecto de gran envergadura, creado para la conciliación entre culturas y promocionar la amistad entre palestinos e israelíes, nos muestra a un ser humano insigne con su faceta de maestro de luz y de amor en su búsqueda del sueño de la paz en el contexto de una sociedad que tiende a desaparecer cada vez más. En efecto, quién puede pensar en guerras y masacres al escuchar a 100 jóvenes y talentosos músicos judíos y árabes, en edades comprendidas entre 18 y 30 años, venidos de Egipto, Líbano, Siria y España, algunos recién salidos de la infancia, quienes reunidos por el maestro Baremboin ofrecieron un concierto el 20 de agosto del 2006 en el Palacio de la Alhambra de Granada, muy emblemático para la ocasión. Fuimos transportados primero con la música de Beethoven y Brahams para llegar al final a Richard Wagner con Tristán e Isolda, una de las más bellas historias de amor llevadas a la ópera, con sus notas melancólicas, dulces y con frecuencia profundamente tristes.
Apoyándose en esos maravillosos jóvenes de gran sensibilidad, quienes confundidos entre sí, no tienen conciencia de los crueles conflictos que los separan en el mundo exterior, Baremboin trata de provocar reacciones en el público oyente para mostrarle que sí es posible un mundo mejor, que aún queda esperanza, fundiendo en la música los antagonismos del pasado, del presente y del futuro, haciéndonos olvidar durante momentos privilegiados los desgarres planetarios. Allí en medio de la barbarie mundial aparece Baremboin con su mensaje de esperanza encerrado en el sonido de su música para cubrir el atroz sonido de las bombas, de las botas militares y de armas de la más sofisticada tecnología, creadas para eliminar mejor a otros seres humanos.
En el permanente recorrido de la ruta que se ha trazado, hace dos años ofreció un concierto en Madrid para rendir tributo a las víctimas de los terribles atentados en el tren de la capital española y el año pasado lo hizo en Londres ante la brutalidad de las bombas del 7 de julio. Para promover la reconciliación en la región árabe, son numerosos los que recuerdan su concierto Música contra violencia en la Plaza Mayor de Madrid, en acto de solidaridad con las víctimas del conflicto de Medio Oriente y siempre con audiencias que superan los 6.000 asistentes.
Para Baremboin, la música no puede disociarse de la sociedad, al contrario, hay que integrarla como objetivo prioritario, tomando conciencia que el avanzar del siglo pasado fue desapareciendo del tejido social como resultado del incremento de ámbitos de especialización. Según sus palabras, "hay que concienciar a la gente de la necesidad de la educación musical como elemento orgánico de la cultura".
Gracias, maestro Baremboin. Esperamos que su excepcional iniciativa sirva de ejemplo para tantos seres humanos que olvidando que el mundo actual es interdependiente, miran con indiferencia esos crueles conflictos como algo que no les atañe, como algo que "únicamente sucede a los otros".
|